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SATURNO EN ESCORPIO Y LA CASA VIII


SATURNO
Autor: LIz Greene "Saturno"
PARTE II
ESCORPIO Y LA CASA VIII
En una gran cantidad de casos con Saturno en Escorpio o en la Casa VIII, los miedos y el sentimiento de incapacidad del individuo se manifiestan en el área de la expresión sexual. Sin duda alguna, éste es un símbolo de un miedo aún mayor, pero, en este caso, el símbolo es suficientemente poderoso por sí solo como para crear un gran dolor en la vida. Sin embargo, la persona que tenga que soportarlo no se sentirá muy contenta cuando el astrólogo le cuente todo esto abiertamente. En un diálogo abierto, el tema del sexo sigue siendo tan delicado para la gente como lo era en el siglo XIX. Además, la incapacidad del hombre no es física, sino emotiva.
Estamos tratando de una Casa del elemento agua, no de tierra. Saturno en VIII está a menudo ligado con la impotencia o frigidez, las cuales no son tampoco problemas físicos. El médico que intente curarlas mediante hormonas está cometiendo un grave error. La dificultad en este caso se encuentra en el miedo a la entrega, a la violación, al control del compañero y al rechazo emotivo puesto que la amenaza proviene más del intercambio psíquico que del físico.
Frecuentemente, un individuo con Saturno en Casa VIII resulta afectivo y cariñoso pero, cuando se rompe la última barrera y se llega al dormitorio, se muere de vergüenza y no puede hacer nada.
También puede compensar sus miedos convirtiéndose en el «amante perfecto» en un sentido estrictamente físico, bloqueando de esta forma el flujo de energía y emoción hacia su compañero de tal forma que, en cierto modo, no está presente. Por muy sutil que sea este mecanismo, puede resultar profundamente frustrante y molesto para el compañero, aunque puede suceder que ninguno de los dos se dé cuenta conscientemente. El individuo puede no ser consciente de que algo anda mal, aunque siempre se queda un poco decepcionado y nunca alcanza la satisfacción que su imaginación le hace ver posible. Hay que ser extraordinariamente honesto para enfrentarse directamente con las sutilezas de un Saturno en Casa VIII ya que, a la par que el miedo, existe la compensación excesiva que se da, en nuestra era, a un buen «funcionamiento». No es de extrañar que esta gente tenga tantos problemas de dinero durante y después del matrimonio. Fácilmente se encuentran en aprietos económicos que coinciden con la cantidad de frustración que han infligido a sus compañeros.
Al igual que con todas las posiciones de Saturno, pueden darse dos extremos de comportamiento.
Los efectos de la compensación excesiva pueden producir una persona abiertamente promiscua que no está realmente motivada por el placer físico pero que intenta ser «sexy» ya que vagamente se da cuenta de que le resulta difícil relacionarse emocionalmente con otra persona. He aquí otro caso en el que Saturno intenta transformar un valor emotivo en físico, con poco éxito. Este tipo de comportamiento prevalece en la actualidad debido al gran énfasis en la libertad sexual como
reacción a la excesiva restricción del pasado. Los dos son los extremos del proceso natural de evolución aunque resultan desagradables ya que el miedo está presente en ambos.
Es aconsejable que el astrólogo exprese con diplomacia todo lo que se refiera a un Saturno en Casa VIII, ya que, si no, la consulta puede acabar a puñetazos. Este tipo de Saturno en VIII recuerda ese hermoso verso de Shakespeare « ¡Pienso que protestáis demasiado!». Es la reminiscencia del Saturno en IV que «adora» a su familia, que tuvo una infancia «maravillosa» y que no conoció «ningún tipo de problemas» con ninguno de los padres.
Por otra parte, una persona con Saturno en la VIII puede cubrir sus miedos con unas fuertes convicciones religiosas o morales particularmente intolerantes, declarando pecado todo aquello que le da miedo. 
En estos casos. Saturno es un partidario del celibato, aunque por razones totalmente erróneas. Desgraciadamente, al demonio no se le vence ordenándole partir. Lo único que no soporta es la luz de la conciencia.
Asimismo, podemos toparnos con ese individuo excepcional, honesto consigo mismo, que comprende que hay algo dentro de él que necesita desarrollarse (como en todos los demás) y que se esfuerza no sólo en disciplinar sino en comprender su naturaleza sexual de tal forma que la pueda expresar del modo más positivo posible. No obstante, todo el mundo siente una gran fascinación por la muerte y el sexo, aunque puede estar mezclada con miedo y asco al mismo tiempo.
Otra característica de los que tienen a Saturno en la VIII es que los demás les decepcionan emocionalmente y a menudo de una forma íntima y dolorosa. En estos casos podemos encontrar una clave del propósito más amplio de esta posición del planeta. 
Frecuentemente nos hallamos ante una carencia de contacto emotivo íntimo en la niñez y, ya que Saturno está relacionado con el padre, esta posición aparece a menudo en los Casas en que el padre muere o es frío. Generalmente, el individuo crece en un ambiente casi ausente de expresión física o en el que los problemas sexuales existentes entre los padres han cargado la atmósfera de hostilidad y miedo. Existe un eslabón entre el padre y las energías sexuales, aunque puede ser algo muy sutil. Sin embargo, la
realidad no suele ser ésta, y entonces aparecen las azotainas y violencia en general. Cualquiera que sea la circunstancia, el resultado es un sentimiento de aislamiento y soledad, y la conciencia de que nadie puede compartir o eliminar las cicatrices. Saturno en la Casa VIII produce cicatrices más profundas que en cualquier otra posición, y las heridas tardan más en sanar.
El aislamiento emocional con un Saturno en VIII es todavía más agudo que el de la Casa IV, ya que las necesidades emotivas son mucho más intensas y se dirigen hacia los demás. Más que la seguridad se busca una unión particularmente intensa y transformadora. El individuo suele sentir que puede renacer y alcanzar la conciencia de su naturaleza espiritual a través de otro.
Obviamente, la lección a aprender con Saturno es que uno lo tiene que hacer por sí mismo. La transformación y resurrección en una conciencia más elevada, el profundo conocimiento y dominio del inconsciente deben surgir de dentro del hombre. 
Suele darse una fascinación por las cosas ocultas o, al menos, un interés por las profundidades de la muerte. Al utilizarlo y al descubrir la verdadera naturaleza de las energías de la creación, el individuo se convierte en un mago. Le pertenecen los secretos de poderes otorgadores de vida para su propia curación y la de los demás.